Josh no consiguió una reserva para cenar en un restaurante, este Día de los enamorados. Por lo tanto, y muy de sorpresa, decide prepararme una cena. Yo que no le he comprado nada, y me encuentro una mesa de cenar con velas rojas y tulipanes.
«¡Siéntate!»
Yo, que nunca he necesitado muchas órdenes para comer, me he sentado, sorprendido, atolondrado y hasta un poco con sentido de culpabilidad mientras sacaba platos y convierte una noche prostituida por el comercialismo en una velada especial. Hasta me ha conseguido un pargo, que para Josh, vegetariano a rajatabla, es todo un logro. Me emociono al escribir estas líneas, y al leer su tarjeta de San Valentín: «Eres la razón de mi felicidad».
Estos días, estas obras, estos rasgos, me paralizan. No sé, hay algo en mi niñez que me enseñó a que no merezco ser amado. Y ha sido una lección muy difícil de olvidar.
Al final, la noche tuvo banda sonora y todo...
