Ayer fue el día mundial de la marcha contra la guerra en Irak. En Roma, medio millón, en Sydney, 100.000; y por lo menos esa misma cantidad en Nueva York. Nada menos que 57 ciudades españolas llenaron sus espacios céntricos para manifestarse en contra de la política de Bush. En Miami, donde nadie se mete en nada, y donde hemos tenido problemas para motivar a personas gays a partiicipar en grupos de lucha contra gente que nos odian, apenas somos cien.
Claro, hay que aclarar que tomó lugar en un solar de Overtown, la zona más pobre e indigente de Miami, el municipio más pobre e indigente de todo Estados Unidos. Lo peor es que había más personas vivendo debajo de los cercanos puentes debajo de la autopista 395, que en la manifestación en sí.
Otro problema fueron los «ponientes», por así decirlo, y sus respectivos mensajes. Un rubio habla del Refugio de Ameriya, donde murieron centenares de civiles iraquíes debido a dos misiles estadounidenses. Menciona que como las puertas del refugio se cerraron automáticamente, tardaron varios días en sacar a los pocos sobrevivientes. Un niño se hizo un tatuaje con metralla, del nombre de su madre, cuyo cadáver tenía al lado. Se me saltan las lágrimas.
Pero luego empieza a alabar al Ché Guevera (¡en Miami!), a la guerrilla colombiana, a Hugo Chávez, etc...El imam de la Nación de Islam habla muy bien, pero comete errores garrafales, como afirmar que Alemania tiene capacidad nuclear o que hay un extenso pozo petrolífero en Afganistán, superior al de Arabia Saudí.
Si odias a los judíos, a los norteamericanos, a la clase alta, a las multinacionales, ese no es el mensaje idóneo en una manifestación por la paz. No veo a nadie más de Proyecto Igualdad, los activistas consumados. A las dos horas, nos vamos.
