Hace años, cuando visitábamos la casa de mi tía Charo, donde vivía mi abuela Patro, me acuerdo perfectamente de la enorme colección que había de Disney (principalmente del Pato Donald y el Tío Gilito). Mientras mi madre hacía la visita, yo me remitía a los tebeos, que mi primo Amable amablemente bajaba del estante alto por mí.
También me acuerdo de mi abuela, sentada en una mecedora, que me dijo una vez que aprovechara ser niño, porque luego el tiempo pasa volando.
Y es verdad. Enero ha sido un mes muy bueno, pero ¿adónde se ha ido? Me parece que Nochevieja era ayer. Y que hace unos minutos estábamos en la catedral de Salzburgo. En fin, a vivir que son dos días.
