Ámsterdam. No se puede decir nada que no se haya dicho antes. Es efectivamente, como me desea Peter, de ensueño. Cada buen viaje tiene un momento mágico, que aunque despues con la memoria parezca mas terrenal, en su momento preciso resulta superlativo.
El mío transcurre hoy al entrar al pasaje de bicicletas y peatones del Rijskmuseum. Independientemente de los Rembrandts, de las Criadas y las Rondas de noche, debajo, a nivel de calle, se pone el sol. La iluminacion en el pasaje es surreal, como toda Ámsterdam. Europa, cuánto te echaba de menos. Además, un sol radiante y apenas una nube en el cielo.
Y Amsterdam es una joya de ciudad, lástima que hayamos tantos turistas empeñados en mancillarte. Es para perderse en sus canales y tomarse un día para cruzar cada uno de los maravillosos puentes. Por la noche, un tranquilo crucero por las casas alumbradas del Princesgracht y de otros canales. Parece todo un sueño. 
