Y volver, volver, volver...Ya tengo billete para España...he decidido coger el toro por los cuernos y he comprado para ir para mi cumpleaños y nuestro aniversario de boda. Josh está este fin de semana en un crucero, pero me imagino (espero, deseo, rezo) que venga. Lo hemos hablado largo y tendido.
Llegaré a Barajas el 26 de junio, precisamente 10 años desde que me fui para no volver, salvo un breve paréntesis. Estoy muy emocionado.
Ayer intento ir al centro comercial del Aventura Mall, pero está repletito, hay una fila de 6 manzanas para entrar al aparcamiento...horror. Me repatea comprar regalos de Navidad, pero me están comprando a mí, o sea que no hay tutía.
Tras sufrir el oprobio de Josh «ya podrías tirar/vender/deshacerte de esos libros», he comprado espacio en un guardamuebles y los voy a meter, en su mayoría, allá. Me cuesta, pero es mejor, porque tengo demasiados y se ha descuajeringado la estantería gigante que construí hace cuatro años en la oficina de casa. Todo el santo día haciendo cajas.
Me terminé anoche las Conferencias sobre Don Quijote, de Vladimir Nabokov. No cabe duda que Nabokov era un genio, pero cuando a un genio se le pregunta sobre otro, los resultados pueden ser inesperados y nada equilibrados. Nabokov empieza odiando el libro «no se puede escribir una novela de 1000 páginas para criticar el género literario de los libros de caballería», dice.
Pero poco a poco se va haciendo a la idea del Quijote, empieza a amar a Cervantes, y resalta lo que me di cuenta hace años, que El Quijote es una obra muy sádica. Lo más interesante es un recuento de las victorias (morales e imaginarias) del caballero de la triste figura, y son las mismas que sus derrotas.
Pero no puede apreciar El Quijote de verdad porque sencillamente no hablaba castellano (a tanto no llegaba el polifacetismo de Nabokov), y la gracia y el tono es intraducible. Es uno de los pocos privilegios que tenemos los hablantes de nuestra lengua, un libro que aunque se escribió ya hace cuatro siglos, sigue siendo casi tan fresco como antaño. Y esas descripciones, ah...
...abrió de par en par la primera jaula, donde estaba, como se ha dicho, el león, el cual pareció de grandeza extraordinaria y de espantable y fea catadura. Lo primero que hizo fue revolverse en la jaula, donde venía echado, y tender la garra, y desperezarse todo; abrió luego la boca y bostezó muy despacio, y, con casi dos palmos de lengua que sacó fuera, se despolvoreó los ojos y se lavó el rostro; hecho esto, sacó la cabeza fuera de la jaula y miró a todas partes con los ojos hechos brasas, vista y ademán para poner espanto a la misma temeridad. Sólo don Quijote lo miraba atentamente, deseando que saltase ya del carro y viniese con él a las manos, entre las cuales pensaba hacerle pedazos.
Los tratados de Nabokov sobre la literatura rusa son buenísimos, sobre todo sus radiografías de Ana Karenina y de Almas perdidas. Me hace gracia, porque odia a Gorki y en cierta medida menor, a Dostoyevski.
El blog de Bob está delirante estas últimas dos semanas. Me da envidia, pues escribe mejor que yo y tiene más cosas que contar. Y la frase de «Salimos de casa de D. con la inquietante sensación de haber abandonado el rodaje de una versión Ozores de 'The Boys in the Band'» me hace reír a carcajada limpia por varios segundos.
