Estoy en casa, esperando a que venga Josh. Y no llega. Busco en el ordenador, y se me ocurre ir a la página de American Express, donde ahora trabaja, y en la hoja de incidencias veo que un tal Josh ha tenido un accidente mortal. Pasan los días y no llega Josh, asumo su muerte. Empiezo a lamentarme que no haya dejado un seguro de vida y no sé que hacer. Salgo a buscarle, pero paro en la puerta.
Al poco rato llega una legión de médicos, que me explican ejemplos de lesiones cerebrales y craneales. Las fotos son asquerosas, y brevemente me acuerdo de Juan Carlos Tejedor, nuestro vecino en Moralzarzal, que sufrió un destino muy similar. Luego vienen médicos con más dossieres de las condiciones, y al poco, Josh, motu propio. Con el pelo peinado hacia atrás, y el cráneo aparentemente indemne.
Ha sufrido amnesia, me explican. Su abuela le dice unas cosas, y él la calla por mandona. Hago hincapié en que tenemos el mismo anillo de alianza, hacemos un chasquido entre los anillos, sonríe...y me despierto.
Este sueño va a la colección de los más desagradables y angustiosos de mi vida.
