Hoy en NPR, la radio pública, entrevistan a Nicholas Lemann, que sintetiza verdaderamente bien las razones para invadir a Irak. Y asusta porque es verdad. No tienen nada que ver con el terrorismo, ni con el despotismo, sencillamente con el imperio, político y económico.
«Sencillamente se quiere atacar a Irak no porque sea fuerte, sino porque es débil...y a partir de ahí establecer un cuartel general en la zona, porque los belicosos creen que los árabes respetan la fuerza».
Si este es el plan de Bush, Cheney, Rumsfeld y CÍA., me quito el sombrero, porque no sólo es sumamente ambicioso y perverso, sino atrevido. Hay un problema fundamental, que el mismo Lemann planteó en su día en un artículo en el New Yorker, EE.UU. tiene aversión a desplegar muchas tropas de tierra. Y demasiada confianza en su fuerza aérea. Por eso todavía Al Qaeda tiene reductos en Afganistán.
En fin, ya sé que fragmentos de estos argumentos se oyen en Europa, pero por aquí no abundan. Estamos como en la ola de militarismo que se apoderó de Europa en 1910. Todo producto de un crecimiento económico descomunal y muchas ganas de controlar al mundo. Ya veremos todos, pues en cuanto empiecen a llegar los soldados muertos, otro gallo va a cantar.
El otro día vi un anuncio de una máquina de ejercicios, Soloflex, y en su peculiar promoción tenía a dos soldados que se la llevaron a Afganistán para estar cachas mientras perseguían a Bin Laden. Insólito.
