Reunión del Grupo de Trabajo de la Comunidad Hispana de SAVE. Llegamos a varios acuerdos, incluyendo la de protestar las bromas o burlas a los gays en la radio y televisión. Sí, es cierto, son ofensivas, deben parar. Pero la parte que tengo de independiente e individualista levanta la alarma. No se puede dictar a nadie lo que pensar sobre este tema. Y esto puede derivar fácilmente en algo indeseable porque esos programas se burlan de casi todo.
Entiendo que hay una distancia mínima entre el humor y la homofobia, pero no sé, tiene que haber una mejor solución que catequizar.
Volviendo al tema de la homofobia (y me cuesta emplear la palabrita, no sé porqué el Sanedrín de la RAE aceptó esa horrenda voz que no tiene pies o cabeza etimológicos), está tan presente en la comunidad gay, que probablemente sea nuestra peor lacra.
Un profesional está a punto de irse a vivir con su novio. Le aconsejo que hable con sus padres y se lo aclarae (la situación es peliaguda, no se lo recomiendo por frivolidad). Su contestación: «¡Pero yo no soy una loca de la calle! ¡Soy un hombre serio!».
Otra persona, una loca a todas luces, dice que los transexuales le asustan...en fin, que queremos que nos acepten pero no vamos a aceptar a otros que son más obvios que nosotros. Una de las razones por las que el movimiento ha prosperado en EE.UU. y Europa es porque las personas de a pie, las que «no tienen pluma» o «son serios» o «no quería que nadie lo sepa» vecen las cadenas sociales y salen del armario. Lejos estamos, porque de cada uno que sale, cinco se quedan metidos, a veces en armarios de cristal transparente.
