El Vaticano deroga el acuerdo de los obispos estadounidenses para apartar del prelado a los pederastas. De repente, a la Iglesia le importa tener un proceso limpio para los suyos. Grave error. Quizá vulnere el derecho canónico, quizá caigan varios curas inocentes, pero no se dan cuenta que como casi todo en este mundo, lo que cuenta son las relaciones públicas. No se fijan en la grave crisis que atravesaba la Iglesia en Estados Unidos hace seis meses.
Para mí, lo peor no es la pedofilia, que siempre me ha parecido un tema algo nebuloso. Creo que a partir de los 14 años, cualquiera se debería poder acostar con quien le diera la gana. No, lo malo es el abuso del puesto de autoridad moral efectuado por estos curas que se han zumbado a mayores de 13 años (a los que se han zumbado a menores de 14 años, ni agua les daría).
Han abusado de su puesto para imponerse ante personas que les respetaban como autoridades morales. Eso es lo terrible, ser monaguillo y no saber si el cura te va a pedir unas campanillas o algo peor. Y creo lo mismo de curas que de profesores o de cualquier otra persona que tenga autoridad, ya sea moral, religiosa, social o penal, sobre otro.
Hace ya 10 años, daba clases particulares de inglés a un chico de 17. Era (el chico, no yo) deportista y bastante guapo, y en varias ocasiones sentí cierta atracción. Podría haber llevado la conversación o la instrucción (pues le daba la clase muy a mi aire) por temas morbosos o ambiguos. Aunque no sería nada malo si lo hubiera hecho, creo que hubiera reflejado mis verdaderas intenciones. Pero no lo hice por sentido de deber.
Lo mismo me pasaba cuando hacía críticas de restaurantes en el Herald. Volvía a los sitios pero nunca revelaba mi identidad, aún cuando los dueños que habían recibido buenas críticas me invitaban a comer.
