Aunque GW no lo sepa explicar, y quizá hasta ni lo logre entender, está emulando a Keynes y a Say simultáneamente. Quizá se piense que eso no es posible, pero a corto plazo sí lo es. La guerra contra Irak es una estrategia claramente Keynesiana: emplear el gasto público y ahondar el déficit.
La guerra, si todo sale bien, costará unos 8 mil millones. Y luego la factura de la ocupación de Irak, con la evacuación de tropas sine die. Esto nos va a salir muy caro a los contribuyentes. Por otra parte, insiste en recortar más los impuestos a los más pudientes. Le da igual que ya tengamos la base impositiva más baja del mundo industrial. Jean Baptiste Say sonreiría. Y Reagan, que tampoco me imagino que se puede dar por enterado, también.
Como para GW la victoria electoral es todo, esto es un gigantesco plan maquiavélico y audaz. Salvar el bache de la crisis económica mediante una guerra de distracción, que estimularía el gasto público, siendo un pulmón de la economía y a la vez una excusa para cortar gastos sociales. Una vez que la economía se recupera, se reduce el gigantesco déficit, aquí no ha pasado nada, y Bush es reelegido. Es una apuesta muy interesante, quizá hasta el salga bien. Por un lado, no quiero que prospere, pues me cae como una patada en los huevos.
Pero hay que quitarse el sombrero y reconocer ambición desenfrenada allá donde exista. Además, rezar para que algo salga mal sería pedir que este país se vaya a la mierda. Eso es lo más maquiavélico de todo. Una vez que se meta en esta aventura, no nos va a quedar otro remedio que apoyarlo.
