Si alguien me hubiera dicho hace un mes que al día de las elecciones primarias, mañana, le iba a dedicar un día entero al activismo en los colegios electorales, me hubiera reído.
Ya no me río.
Mañana me tomaré el día libre para hacer campaña electora, con botones, pasquines y demás, en un precinto de Hialeah. Apenas he dormido. No sé si estoy nervioso por la causa, por mí (porque verdaderamente no me veo haciendo lo que voy a hacer mañana durante 12 horas).
Tengo que controlar a dos voluntarios, de los mil en total que nos hemos prestado a la «causa» este 10 de septiembre de 2002.
Tengo ansiedad, miedo, alegría, todo puesto en uno. Desde las 7 p.m., veremos los resultados en las oficinas de SAVE Dade. Y, Dios mediante, celebraremos la victoria sobre el rencor y la ignorancia con una sonrisa y mucho alivio.
Lo que más me ha motivado no ha sido un insulto o improperio de los muchos dicho por los execrables Armestos, Eladio y Rosa, los hermanos que han sido el motor para quitar la ley. Más bien, fue una persona gay, mi amigo Omar, cuando le invito a la fiesta de esta noche.
«Diles que nadie se bese durante la fiesta, porque las cámaras de televisión estarán ahí y serán lo primero que tomarán». Eso no sólo es algo rayano en fascismo, sino que además, autoimpuesto.
Pero nada refleja mejor por lo que luchamos, nada es mejor espejo que de la causa. Esto es para ser como somos. No los epítetos tontos que nos lanzan estos idiotas.
