Hoy pasa algo en la oficina que me recuerda a cierta anécdota y precepto de X. Una compañera de trabajo pide que se transfiera un fichero de una foto personal de formato BMP a JPG. Si estás en el mundo de los ordenadores, o si sabes un poco cómo funciona esto, no hace falta ser un ingeniero informático para hacerlo.
Me sorprende que no lo sepa (en realidad no tanto; es una supervisora), pero me maravilla su falta de curiosidad. No sólo no sabe hacer una cosa tan sencilla (y prácticamente obligatoria de saber en nuestro ramo), pero ni le interesa aprender.
Siempre he creído en mejorar y analizar las cosas que uno hace, en interesarse por ir más allá de lo imprescindible en la esfera en que te mueves.
Quizá por eso tengo varios proyectos cibernéticos entre manos y no termino ninguno, pero no deja de interesarme.
Me acuerdo que hace ya 16 años (oh, qué terrible es tener tanta memoria) en un trayecto del FEVE entre Foz y El Barquero, en la cornisa cantábrica, pasamos por delante de una gigantesca fábrica. Preguntamos al vetusto revisor qué era, y nos contestó que no sabía, pero que podía averiguar (no lo hizo; luego me enteré que era una fábrica de conservas en San Ciprián). Pero X dijo algo muy acertado: «Es increíble, lleva 20 años como revisor, y ni le interesa lo que es esa fábrica».
Tengo una curiosidad muy rara, pero al menos la ejerzo. Si me interesa algo, aunque no tenga la menor idea, me meto de lleno. Por eso me decepciona la gente que le da igual.
El otro día, intercambiando pensares con una compañera de fatigas que vigila la pureza del idioma en nuestro sitio (ardua tarea), le comenté el origen de topónimos como Chamartín y San Opropio. Lo curioso (o triste, patético, derrochador, prodigioso; como se quiera) es que me acuerdo de memoria de la etimología de numerosos lugares:
Calle del Barquillo: Anteriormente había un lago en la zona, y un pequeño barco lo cruzaba.
Puerta del Sol: Era la puerta de Guadalajara, en realidad, pero había un vistoso sol pintado, y se quedó con ese nombre.
Miami: Aguadulce, del idioma tequesta.
Hialeah: Pradera grande.
Bayaguana: Ciudad dominicana poblada con los habitantes de Bayajá y Maguana, dos ciudades que fueron abandonadas debido a las constantes incursiones piratas.
Bahamas: Debe su nombre a la escasa profundidad del océano en esa zona (baja mar).
Oregón: Gracias a una tribu que según los colonizadores españoles, tenían las orejas demasiado grandes: los orejones.
También sé el papel que desempeñaban los margraves, quién compuso En las estepas del Asia Central, de qué iba Imitación de Cristo, porque oímos ruido al pegar el oído a una caracola, o el valor climatológico máximo en la historia de Miami. Pero no me sirve de nada para lo que hago. Siempre he creído que acumular conocimientos era una especie de búsqueda placer, como lo es leer un buen libro o resaborear una composición favorita. Sabía que no iban a tener una "salida práctica", pero los seguía igual.
Lo curioso es que cuando veo tanta ignorancia, y peor todavía, tanta falta de curiosidad general, no me siento superior, sino como un idiota.
A veces, mitad de coña, me pregunto que hubiera sido mejor aprender a cómo lamer el culo, a cómo defenderme mejor, tanto dialéctica como físicamente, a cómo no dar tanta importancia a lo que crean los demás de mí.
