No hay nada como estar enamorado. O mejor dicho, para calificar la conjugación, como enamorarse. Sí, hay cosas mucho más importantes, como tener una persona a la que quieres y respetas a tu lado y saber que cuentas con tu pareja incondicionalmente. Pero dudo que sentimentalmente, algo haga mella en el espíritu y ánimo de las personas que sentir las flechas incipientes del amor.
Nuestros dos amigos Javi y Alain se han separado, tras más de cinco años de una convivencia muchas veces rayana en cutre. No sólo perdieron el contacto íntimo desde hacía meses (que para mí hubiera sido pecado capital), sino el mismo respeto y la comunicación.
Y, en el fondo, las ganas. Desde hace tres años pensé que la inercia y comodidad eran las únicas vigas que sostenían ese puente podrido.
Uno de ellos quiso salir del remolino, buscó ayuda terapéutica, pero ell otro se negó a acompañarle. Fue la gota que colmó al vaso.
Ahora uno de ellos acaba de conocer a alguien especial, y se está empezando a enamorar. Da gusto verlo.
A nosotros nos cuesta mantener la imparcialidad, pues a final de cuentas estamos más cerca del agraciado. Pero en el fondo entristece.
Cine de sábado noche, viendo Minority Report, el último opus de Spielberg con el insulso Tom Cruise, que salvo por su fabulosa interpretación en Magnolia, nunca me ha inspirado.
Minority Report es visualmente impresionante, un tour de force que deja lelo al principio. Eso es bueno, porque el argumento (y sus consecuentes fallas) está hecho para lelos.
Básicamente, tres rarísimos clarividentes con «retraso mental severo» son la base para que el Distrito de Columbia cree una fuerza policial, que basada en las visiones de este raro trío, detiene a los asesinos antes de que cometan su asesinato.
Por un lado sugieren que los homicidios son tan comunes en los próximos 50 años, que la sociedad elige tirar por la ventana un concepto básico del derecho. Por otro, se cometen todo tipo de tropelías protegiendo las imperfecciones del sistema, temiendo que nunca se generalice.
Es una empanada mental al estilo gallego: grande, seca y debido a su inacabable masa, inmasticable. Cualquier persona que haya visto Witness se sabe el final de memoria. Al final, los tres videntes acaban leyendo libros, y eso que eran retrasados. Entonces el filme copia otra cosa más, el argumento de Flores para Algernon.
Aunque muchos critican a The Matrix por su vacuidad, el concepto lo tenía más claro que el caldo de un asilo, como diría X. No había ambigüedades ni titubeos, a diferencia que Minority Report, que da una impresión de que se gastaron mucho en todo excepto en guionista.
