Hace 140 años, los franceses decidieron lanzar a las tropas de su expedición militar contra las fortificaciones de la ciudad mexicana de Puebla. Lo que fue una malísima maniobra militar se conmemora hoy en EE.UU. como el día de la mexicanidad. Mientras, en México, es un festivo más. Así es la historia.
Marta me invita al restaurante del "francés" a que conozca a su novio, Eric. El pobre está saturado de trabajo y apenas me puede saludar. Independientemente de las valoraciones físicas (él podría haber dicho que yo estoy gordo y yo podría decir que a él se le nota sumamente cascado), no puedo hacer ninguna otra consideración.
Mi madre me pide mi opinión, pero no tengo nada. "Es como dar una opinión inteligente sobre un camarero que te acaba de atender".
Como es noche española en el local (que es de comida francesa buena; me consta) preparan una paella horrorosa. Sin azafrán, sin una pizca de aceite de oliva, con granos de arroz duros. Le comento a Josh (que no quiso ir) que yo me hubiera peleado con Eric (el galo, se entiende) si me hubiera hecho esa paella.
Eric invita a Marta, me cobra a mí. Me da igual pagar, no pensaba ir por la gorra, pero no sé, quizá me hubiera sentado mejor si me hubiera dicho, "oye, perdona, pero como el restaurante no es del todo mío te tengo que cobrar". Dice mi madre que cobra a todo quisque, lo cual es natural. Es su negocio.
Están buscando casa para mudarse en junio. Les deseo lo mejor, merecen ser felices, sobre todo si se quieren tanto. Me da la impresión que Marta está algo avergonzada, aunque no sé si es de mí o de él.
Al final, llevo a Y., la amiga rusa de mi hermana, a su coche aparcado en casa de mi hermana. No entiendo su desesperación y codependencia. Divorciada dos veces, busca un marido para ser madre. Pero ya se ha graduado de la escuela de imitadoras de Julieta Serrano (la que hizo el papel de Lucía, en Mujeres al borde de un ataque de nervios) y está tomando cursos en la escuela superior de divas de John Waters.
Es un buen ejemplo de cómo nos impedimos a nosotros mismos ser felices. Probablemente la mejor serie televisiva del momento es Six Feet Under (digo probablemente porque veo muy poca tele). Es sobre una familia disfuncional y las idioteces y locuras que se cometen a diario para impedir la felicidad. Curiosamente, la mayoría son por razones sexuales o de soledad.
