Me entero el otro día de la muerte de José Antonio Durán de Meñaca, brazo izquierdo de x durante muchos años, y por lo que pude observar, amigo fiel.
Hay una línea muy pequeña entre la pleitesía y la amistad, que muchas veces se nublan cuando en casos como el de Durán y x, se combinan con el dinero y el trabajo.
X siempre ha sido atraído por personas que verdaderamente pertenecen a alguna representación del género chico. Fernando García y su primo, «El Largo», son buenos ejemplos, pero también lo son mi madre y Durán, a sus maneras.
Durante los días terribles de hace 10 años, con Hugo en una coma, Durán no dudó en cruzar el charco y convertirse en el felpudo de una familia en crisis. En ese momento, su respiración era tan precaria que tenía que dormir postrado en una silla. Pero vino igual, a hacer las tareas ingratas y difíciles.
«La tragedia la lleva x por dentro», me dijo en ese entonces. En la lúgubre cena de Navidad de ese año, Durán se quedó arriba, cumpliendo con los requisitos del hospital infantil de Madrid, que un familiar o amigo tenía que estar con Hugo las 24 horas. Abajo, cenamos en silencio, y en cierto modo tuvimos nuestro velorio en ese momento.
Siempre vestido con impecable chaqueta y corbata, Durán era un caso. Me acuerdo cuando visitamos la Unión Soviética hace 16 años, de una imagen al salir del moscovita Hotel Cosmos. No sé por qué la tengo grabada en la memoria, pero es de Durán con su txapela, impávido ante el frío invierno ruso.
Durante ese viaje, antes de un vuelo a Leningrado, nos estaban sirviendo muy mal en un restaurantucho del Aeropuerto de Semeretyevo. Durán empezó a gritar a las camareras e inmediatamente cualquiera hubiera dicho que éramos mandamases del PCURSS.
Pero la mejor anécdota ocurrió durante su viaje a Dania hace 10 años. Hay que entender que Durán, en sus modales, era sumamente formal y ceremonioso. Estábamos saliendo de un Office Depot, cuando este señor vasco, de porte serio, con traje y corbata, se detuvo de repente y dijo en tono grave y categórico: «¡Si doy un paso más, me hago pis!»
Todavía me acuerdo de eso. Hay pocas personas cuya memoria me hace sonreír inocentemente, y Durán es una de ellas. Descansa en paz.
