Día largo en una semana difícil en el trabajo. Me siento como un bombero, que sólo tiene tiempo y ganas de apagar incendios, sin prestarle mucha atención a lo que hace.
Por un lado me digo que debo apreciar el trabajo que tengo, no me pagan nada mal y hay tantos compañeros sin trabajo fijo que para qué quejarse. Por otro lado, siempre se puede tener algo mejor.
Hay una línea muy fina entre la complacencia y la ambición, o más que ambición, inquietud. Como navego muy bien ambas aguas, verdaderamente no sé definirla.
Me hace falta un cambio geográfico. De 1986 a 1992 tuve esta necesidad de cambio varias veces, y me mudé "permanentemente" a otro país para luego ver que de permanencia no tenía nada. Pero Miami me está agotando; para colmo, hoy se anuncia que siete huracanes durante la temporada de ciclones van a tomar tierra en Estados Unidos.
He llegado a un punto tan macabro, que casi contemplo la llegada de los ciclones con anticipación.
En otros temas, he cambiado un poco de opinión sobre la terrible situación palestina. Aunque sigo creyendo que Israel, con el ogro de Sharon a la cabeza, está cometiendo una barbaridad, en el fondo Israel, con su imperialismo y falta de sensibilidad.
Pero, pero, Israel es la única nación moderna y democrática de la zona. Tratará a los palestinos como mierda, pero sus ciudadanos, independientemente de su religión, tienen muchos derechos. Muchos más que los que tendrían en cualquier otro país vecino. La única diferencia es que Israel trata a los palestinos como los países árabes manejan a todos sus ciudadanos.
Sé que resulta etnocentrista de mi parte, que la tradición árabe no contempla un pluralismo social, etc... Pero si de algo nos tiene que valer la globalización es de tener por lo menos gobiernos democráticos en todo el mundo. O por lo menos no podemos decir que una nación que permite que sus ciudadanos se expresen libremente vale igual o menos que otra que oprima a su pueblo.
