Marta pelea con en francés. Esta vez, al parecer, va en serio. Está muy dolida, y razones tiene. La infidelidad duele mucho. Pero todo es perdonable la primera vez, la segunda quizá no. Por eso le increpo a que se lo piense, a que deje las cosas claras. Una vez que rompes con alguien, es muy difícil volver, sobre todo en los mismos términos.
En los últimos días me he enterado de cosas que afectan a los medios en general, y a los escritores en particular, que me hacen helar las venas. Un realista o cínico no se hubiera sorprendido tanto, y aunque hago gala de ser ambas cosas, en realidad no las soy. Dicen que varias casas editoriales norteamericanas tienen a cargo de sus publicaciones en castellano a gente que ni siquiera hablan el idioma. Que como tienen apellido hispano, se ven hispanos y se autopromocionan muy bien, camelan a los directivos para que los contraten.
Entonces, sin conocimientos del mercado o del idioma, eligen los títulos al tun-tún. Desde que entré al periódico hace siete años me han advertido sobre la gente que se sabe vender a sí misma, calificativo sinónimo de inútil. Gente muy política, muy diplomática, pero por lo general malos para lo que hacen. Me imagino que esto se dará en todas las profesiones, pero quizá en el ramo de la creatividad, por así decirlo, duele más.
Es cierto, cuando mejor eres en esto, menos cuerdo estás, menos conexión tienes con la realidad o con las convenciones. Por lo general, a los genios hay que tratarlos con pinzas, y muchos tienen un mal humor legendario. Salvo honrosas excepciones, el buen periodismo y la buena escritura (que por lo general ni es lo mismo ni es igual) son cunas de excentricismos.
Este tipo de personalidad no conduce a ser hábil en las relaciones públicas ni a lamer el culo a nadie. Quizá por eso me da rabia ver a gente que aunque no son buenos con la pluma, son excelentes en lo otro. Decimos que estas personas recibirán su merecido, pero casi nunca es así.
Las tristes conclusiones que saca el público o los no entendidos no sólo son tristes, sino falsas: 1. El público es idiota y no le gusta leer y 2. Cualquiera puede escribir.
Creo que a raíz de la segunda premisa se va a cumplir la primera. Como peleaba a veces en el periódico, la gente que lee un diario no es idiota. O bien trae una costumbre de su país, o tiene cierto nivel cultural. Por lo tanto, son todo menos idiotas.
Pero este tipo de trepas dan a entender que si se vende bien, un periódico lo comprará todo el mundo. Esto no tiene pies ni cabeza, pero es triste.
Josh está muerto con los ensayos de My Fair Lady. Los capricornios (y sé que generalizo burdamente) no tienen la paciencia para el carácter bohemio. Las fruslerías, los matices vacíos e ingeniosos del mundo del arte les suelen poner a prueba la paciencia.
Quizá por eso me fascina Josh, ver todo desde un punto de vista mercantil o por lo menos provechoso parece ser interesante. No soy muy práctico, y observar esa mentalidad tan «alemana», como diríamos en España, es muy diferente. Hemos llegado a una decisión con la adopción: Tenemos que tener cierta cantidad ahorrada, uno se tiene que quedar en casa si es un niño menor de seis años, y tiene que ser fuera de Florida.
