Mi mala fe me crea trampas. Es triste mirarse al alma y decir, ante cierto tema o persona, «no me queda buena fe».
Mi padre me escribe varios mensajes, nada claros para mí, y le contesto con muy mala fe. La contestación de él, espejo, pero armado de vehemencia. No sólo me reprocha la mala fe, sino que añade generosamente la suya.
Pido perdón. Me recibe el silencio. He tendido una mano, no sé lo que pasará. Si esto demuestra algo, es que no se puede llegar a conclusiones antes de tiempo.
Debido a la temática de la queja traída por mi padre, me propongo retirar todo el contenido que haya añadido sin conocimiento de causa, relatos que no haya vivido o presenciado en primera persona, u opiniones críticas o excesivamente ensañadas.
La tónica general de todo lo que he puesto en estas páginas ha sido la buena fe. Ahora queda volver y limar las asperezas indebidas.
La página de circunstancias, protagonista de la reyerta, volverá, sin duda. Pero esta vez no me pondré a especular innecesariamente. Serán mis impresiones, como las he vivido. Nadie podrá decirme que algo no pasó, porque lo viví. Y si discrepa, pues ya ves, la Internet aguanta todo.
Todo esto parece una gilipollez en comparación con los problemas que tengo con la familia. La situación entre Marta y mi madre llega, una vez más, a la ebullición. Nos tenemos que reunir el domingo por la tarde, a ver si podemos llegar a un entendimiento. Es a raíz de Eric, y de la angustiosa situación económica que vive mi madre.
No sé cuál es la respuesta correcta al tema, ni la tengo. Pero entre todas las peleas, todas las llamadas con acrimonia y las incontables faltas de respeto, no se ha intentado sentarse y razonar. Sentarse a hablar tranquilamente. ¿Funcionará? Es un comienzo, para algo hay que tener buena fe.
En medio está Eric, que se siente muy cómodo con la situación actual. Pero Eric quiere tomar decisiones de adulto y acogerse a la vez a su estatus de menor. Creo que va a tener que decidirse. Ante sus muchas comparecencias y razones por no volver, le suelto una: todo el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad. Y sobre todo su madre. Quizá ahora que ambos le han visto las orejas al lobo, vean como pueden vivir juntos mejor.
Ese planteamiento, me dice el lado cínico, es una quimera. La gente no cambia. Pero ambos se necesitan, y mucho. Empieza a haber una voluntad para llegar a conclusiones o a soluciones más profundas, para resolver esa horrible soledad que invade el ser, aun con mucha compañía.
Me doy cuenta que sólo hablo en estas páginas de las cosas que no van bien, pues tengo una predisposición a quejarme. Pero hay cosas que van muy bien, incluyendo la pareja, el trabajo, la vida en general. No hay razón para no ser feliz.
Me propongo ser más feliz este año, no de manera artificial, sino de manera espiritual, en base a lo que tengo. Me propongo que las idioteces que tanto me han afectado las vea con mayor perspectiva. Me propongo preocuparme menos por las apariencias y más por la sustancia.
AVISOS
La página de fotos de mi viaje de al principio de este año está lista. Hay dos formatos, el consabido en javascript y XML, y el más simple.
