El jueves pasado me apunté por fin en un gimnasio. Ya creo que ya está bien de estar gordo y no estar en forma. He ido el sábado, domingo y hoy por la mañana, y quiero incluirlo en mi rutina matutina. No me quiero matar haciendo nada, pero sí hacer ejercicio a diario.
El domingo tenía unas agujetas de cojones, pero hoy me duelen menos.
El activismo entra por la puerta de manera sorprendente. El viernes, yendo al trabajo, pongo uno de estos programitas seudoperiodísticos y me topo con Eladio José Armesto y Anthony Verdugo, las bestias negras de la Coalición Cristiana, debatiendo con un pobre señor sobre la ordenanza antidiscriminatoria.
Hace tres años, la comisión condal, que equivale más o menos al gobierno comarcal de Miami, aprobó una enmienda a la ordenanza de antidiscriminación para que incluyera a los homosexuales.
Tras muchos revuelos en su recogida de firmas, el superintendente de elecciones aprobó la recogida de firmas, y la enmienda se va a presentar al voto popular en septiembre, si las apelaciones de grupos activistas como SAVE Dade no prosperan.
Eladio José Armesto, portavoz de la organización Take Back Miami-Dade, es una máquina de condena, pero se acopla muy bien a la mentalidad de Miami.
Juega con todos los prejuicios sin arroparse a ninguno. Total, la víctima emboscada fue un "gay" de a pie, para dar la ilusión de un debate justo. Ambos lobos se arrojaron sobre el pobre hombre, esgrimiendo mentiras e indirectas sin límite.
Para colmo, Matías Farías, el diplodoco ex militar convertido en locutor realpolitik del exilio cubano, estaba como coro griego de estas dos aves de rapiña.
Ejemplo:
Armesto: El condado de Miami-Dade se ha gastado 24.000 dólares en atraer al turismo homosexual [esa cantidad no es nada, en comparación con el resto del presupuesto de promoción, pero no importa]. Esa ordenanza ha hecho que ese tipo de gastos sea posible.
Farías: Bueno, deben gastarse dinero en atraer a todas las personas, no sólo a los homosexuales.
Víctima imprudente: Bueno, es que hay muchos homosexuales que al no tener familias, tienen mayor alcance monetario.
Armesto (chillando): Claro, todos los homosexuales tienen recursos. Por eso no constituyen una minoría oprimida en la definición de la palabra. Tienen el dinero y el poder, no les hace falta ninguna protección.
Víctima: No es así. No puedes decir eso, mira, yo no soy rico. Mira los zapatos que tengo...
Armesto: Pobrecito. Vamos a hacer una colecta para comprarte zapatitos nuevos.
[el castellano ha sido arreglado; no era tan bueno]
Me dicen que un amigo de un amigo tuvo sexo oral con Armesto años ha, y de ahí su ferocidad contra esta ley, típica de un converso. Menudos nueve meses nos esperan. La sangre me hirvió el viernes.
Hoy por la mañana, el locutor Agustín Acosta (otro oligofrénico) charlaba con el telegénico Padre Alberto el caso del José Mantero, que salió del armario el fin de semana pasado, creando cierto revuelo en España.
El Alberto, que tuvo un programa de televisión, aconsejó a mi madre que viniera a mi boda. No por ello está encima del bien y del mal, pues no tuvo buenas palabras.
"La Biblia es inmutable", sentenció Acosta, cuan sagaz teólogo.
Sin decir que hablaba ex catedra, la loca in extremis le dio la razón.
Reconozco que Mantero tiene arrojo por haber salido del armario, siendo cura párroco de un pueblecito andaluz. Pero creo que la vocación es voluntaria. La Iglesia tiene ciertas normas para sus sacerdotes. Puedes estar de acuerdo o no con ellas, puedes pensar que son hipócritas. Pero entonces, no tomes un voto de castidad. Cambia a la Iglesia, critícala (que hay mucho donde criticar), pero no te tomes una promesa a Dios a la ligera. Porque sólo puedes predicar basado en tu ejemplo, y si estás para difundir la palabra de Dios, no puedes vulnerar dicho voto.
"Es que todos somos humanos y tenemos una sexualidad".
Cierto, pero entonces deja los hábitos. Si dijéramos que Mantero se arrepiente de sus actos y que mantendrá el celibato, tal y como prometió, hasta que convenza a la Iglesia de su error, perfecto. Pero no, llama a todos los eclesiásticos hipócritas (que sin duda lo son) mientras él rompe sus votos. Y quiere seguir siendo cura. Eso, además de ser hipócrita, es irreal.
Son dos debates diferentes: la Iglesia debe cambiar y ser más humana. Pero una persona no puede elegir las normas que va a cumplir dentro de una organización a la que pertenece voluntariamente.
