Escribir un diario "público"a veces conduce a la autocensura. Sobre todo porque sabes que ciertas personas lo leen. Por eso a veces me planteo no escribirlo, pues no quiero convertirlo en un insulso boletín informativo ni cajón de sastre de filosofías. Pero en fin, intentémoslo a ver cómo va la cosa. La semana pasada, mientras estaba en Las Vegas, mi hermana Marta y su hijo Eric tuvieron una pelea.
Al parecer, Eric ha llegado tarde varias veces este trimestre escolar, y como castigo, el instituto emitió la suspensión de cursos de un día como castigo (todavía no entiendo cómo pueden creer que un alumno sea castigado al no ir al instituto durante un día, pero en fin). Eric decidió no contárselo a Marta. Grave error.
Marta entonces se cabreó, pero nada de furia contenida. Cuando Marta baja la guardia y apunta el rifle, no se salva nadie. No sólo no deja títere con cabeza, es que no se encuentran los restos del títere. Total, el problema es que tiene una visión cooperativa de su relación con Eric. «Yo te puedo regañar, te puedo dejar solo el fin de semana, te puedo controlar el tiempo, pero tú no. Eso sí, a contribuir en la casa, a conseguir un trabajo».
Marta, durante dicho arrebato, le dice a Eric que es un mal hijo. Eric le contesta a su madre de la misma manera. Marta pide a Eric que se vaya. Eric dice que se va.
En ese momento, a ambos se les abren los cielos. Eric se quiere ir, y a Marta se le va un problema. Al ver que Eric está decidido (que aunque no lo demuestre mucho, cuando se pone el cinturón es un Escorpión de tomo y lomo), Marta le pide la llave.
Esto es lo que se llama en tecnología militar the point of no return. Hasta entonces, la cosa tenía solución, pero a partir de entonces no.
Eric se fue a casa de mi madre, y ella, muy disgustada por lo ocurrido, le aceptó. Y no me llamó hasta que volví de Las Vegas. En cuanto me enteré, mi primera reacción no era que Eric volviera con Marta, pues en el fondo ninguno de los dos quiere, sino más bien que ambos fueran a terapia para sanar su relación, pues temo la huella sícológica que esto deje a Eric.
Marta no me devolvió las llamadas. Eric dice que se lo pensará si Marta se lo pide. Mediante una conversación electrónica llena de acrimonia con Marta, el resultado final, ya cuando no hice caso a su montaña de insultos hacia mí, hacia la familia, hacia mi madre y hacia Eric, fue que «estoy muy dolida por todo lo ocurrido».
Me echo a llorar como un imbécil por lo que me dice. «Eric es muy testarudo y se quiso ir. No puedo hacer nada, pobre de mí». Josh y otras personas me piden que no me meta, que ayude hasta lo que me sea posible, y que no tome partes. Es lo que intento, pero tras el primer round me siento usado.
¿Será mejor que no vivan juntos? La respuesta, cada día más, es un sí resonante. Vale. Pero Eric y Marta no van a salir bien de todo esto. La procesión va por dentro. Me parte el alma que Eric sólo quiera salir una vez a la semana con su madre a comer en McDonald's e ir al cine.
Para colmo mi madre no es imparcial. No puede ser un puente de unión entre ambos porque no tiene la capacidad emotiva para hacerlo. Sencillamente está muy quemada con Marta. El gran problema es que Eric, que no es un chico mimado ni tímido, va a su aire. Nadie le dice que no a nada, porque nadie se quiere poner los pantalones de verdad, más allá de una amenaza abstracta para quedar bien ante terceros.
La solución que se aproxima es que se venga a vivir aquí. Creo que va a ser lo mejor, pero claro, convencer a todos será todo un desafío.
