El otro día decidí comprarme La fiesta del chivo, de Vargas Llosa, y la termino hoy. Me gusta por las razones equivocadas, o sea, porque me encanta la historia, y sobre todo la dominicana.
Pero don Mario se tendría que haber buscado otro hilo narrativo lejos de Urania Cabral, pues no tiene misterio alguno. Ya en tercer capítulo se adivina que el padre se la ofreció a Trujillo.
En cualquier otro relato el sacrificio de la hija por parte del padre hubiera sido terrible, pero desde el principio queda claro que Trujillo era un monstruo, y que los sicofantes tenían que hacer gestas sobrehumanas (e infrahumanas) para mantenerse en su buen lado.
Mientras, obvia otros personajes, teniendo una conversación entre Trujillo y Balaguer que es indicativa de su verdadero interés: Trujillo es, a fin de cuentas, muy listo y muy malo. Aparte de su éxito, no tiene mucho misterio.
Pero Balaguer es todo un enigma, y al final Vargas Llosa lo intenta definir de manera tímida. La artificial conversación entre el maquiavélico Balaguer y el hombre de acción Trujillo delata el interés.
Otro aspecto interesante, de cómo «Pupo» Román se rajó, queda relatado a nivel anecdótico.
A Vargas Llosa no le interesa mucho la historia, sino la trama, pero creo que Uranita es radioactiva. Eso sí, la escena en que la muchacha cuenta la vejación, 40 años más tarde, alternada con el tiempo real, es magistral.
Me decepcionó mucho la falta de veracidad en los diálogos, pues es imposible que Trujillo o cualquier dominicano hable como lo hacen en el libro, pero lo he superado; a fin de cuentas se ha de clasificar en literatura.
En fin, Gabo también naufragó con El general en su laberinto.
Voy con mi madre y con Omar a ver Le Fabuleux destin d'Amélie Poulain. Conjuga lo malo con lo interesante, y todos salimos hechos un lío. La película empezó tan bien y acaba tan convencional y rollazo. Cosas de Francia.
