Modorra absoluta. Lo peor de la desmotivación, de la falta de móvil para mantenerme interesado, es que los días ya pasan igual de rápido tanto si los disfruto como si no. He centrado una parte importante, casi esencial de mi vida en torno a mi trabajo. Y cada día me doy más cuenta de mi vacío, cada día me percato más de esta dulce monotonía que es nublada por el manto del tiempo.
Y también, me doy cuenta de lo melodramático y cursi que me he vuelto escribiendo estas cosas. En el curro, presencio cómo una idea es ofrecida a un cliente, para luego, mediante la mediocridad y obtusidad, convertirse en algo imprescindible para dar. Quizá por ello no sirvo para atender a clientes, aunque sea de manera tan indirecta. No sé para lo que sirvo, a veces me maldigo por ser tan efímero en mis gustos.
Hace ya tiempo que vivo maravillado de que un chico tan inútil y perezoso como yo haya llegado tan lejos. Jamás me lo hubiera creído. Y no lo desdeño porque no me lo haya ganado, sino porque sencillamente no creo que me lo merezca. O, peor todavía, no me lo creo. Si he llegado a esto por casualidad, ¿quién puede asegurar que se seguirán produciendo casualidades cada vez más portentosas?
Miami ha elegido al primer alcalde de origen cubano que no está, por ahora, clínicamente loco. Todo un logro. La elección al final se volvió asquerosa, un concurso para ver quién odiaba y repudiaba más a Janet Reno. Ya lo importante es seguir odiando, seguir culpando. Dice el locutor Francisco Aruca que el exilio cubano es "la industria del mal". Yo no llegaría a tanto, tan sólo es una industria que se ha dado cuenta que es siempre fácil suscitar odios.
Mientras, los talibanes se desinflan como un globo, y vuelven a su habitat natural. El magno experimento de la cromañoncracia no ha dado resultado. Ahora la Alianza del Norte se apodera del país. Son malos, pero no tanto (por ahora) como los talibanes. Quizá en algunos años el mundo occidental escoja a un grupo menos malo todavía y los reemplace.
Quién sabe, tarde o temprano Afganistán se modernizará. O tarde o temprano, el mundo se volverá a cansar de modernizar a Afganistán. Lo que me aterra de todo esto es que hay 1200 presos preventivos en las cárceles estadounidenses desde septiembre, que no han visto ni siquiera a un juez. Si esto es democracia, que baje Dios y lo vea. Si la democracia no puede aguantar un fuerte embiste y mantener su espíritu, hay que plantearla.
Estoy cansado y gruñón, no he dormido nada bien últimamente. Y me afecta el ánimo.
