El viernes, con varias nubes figuradas y literales sobre la redacción, ocurre un momento mágico. Y no de la magia de Merlín, sino más bien de la de Morgana. Como si estuviera escrito por Azorín y escenificado por Dalí, el tiempo se detiene. Todo se paraliza, el reloj no anda. Después de varias semanas que han pasado volando, la fuga de las horas se detiene en seco.
Esto lo puedo atribuir generalmente a una ansiedad, pero en esta ocasión no existe. Sencillamente quiero que termine el espantoso día que estamos teniendo, pero nada.
El sábado pasa en un letargo que apenas me acuerdo de lo que hice, y el domingo me permito deprimirme. Y mucho. Hasta me echo una larguísima siesta sin razón. Pero por la tarde se me pasa y reacciono. He pasado momentos peores, y tengo a Josh. Pero creo que me aterra la idea de perder mi trabajo porque soy sumamente independiente. Me cuesta mucho pedir ayuda, es casi imposible. Y ahora veo el albor de una situación desagradable y no sé qué hacer.
Verdaderamente, no hay mucho que reportar. He escrito fragmentos de otros días, combinando algunas ideas con otras.
Ayer tengo una conversación con Omar, que me saca de quicio, pero le digo una verdad que siento.
Omar me comenta sobre los "presuntos" terroristas, detenidos sin habeas corpus desde el 11 de septiembre. Aunque él favorece la suspensión de las garantías constitucionales, "estamos luchando una guerra distinta, pero gracias a ustedes [léase los liberales]la vamos a perder".
En ese planteamiento hay muchas cosas con las que discrepo. Primero, eso de usar la palabra "liberal" con tanta, bueno, pues liberalidad. O sea, defender las libertades civiles desde un punto de vista liberal es sinónimo de traición.
Después, no quiere admitir que tenemos, en teoría el mejor servicio de inteligencia nacional e internacional con el FBI y la CIA. Si en casi seis semanas estas agencias no han podido aportar una sola prueba fehaciente hacia estas personas, ¿para qué gastar miles de millones anualmente para mantenerlas?
¿Qué hay de malo de poner un acusado ante un juez y recitar las pruebas? ¿O es que no hay pruebas?
Como es muy difícil razonar con estos criterios, Omar interpone:
"Si hacemos eso, entonces vamos a perder la guerra. Estas personas han hecho esto porque saben aprovecharse del sistema de Estados Unidos".
Entonces, sinceramente, prefiero que me maten estos bárbaros antes que tener un estado donde no se garantizan las libertades para defender "la democracia". Resulta un poco ingenuo decirlo, pero lo creo.
De la nada me llama Joe desde Madrid. Hablamos de los viejos y difíciles tiempos, cuando era mi jefe en ese proyecto llamado The Word Factory. Nos reímos, pero aunque yo decidí dejar de sufrir, él con masoquismo impenitente continúa viviendo en España.«Estoy cambiando a los españoles uno por uno», me dice. Pero su punto de vista es inexorable: «No vengas a España ni a morirte, porque aquí te mueres un poquito todo los días, chiqui».
Joe ha dejado la ingratitud de la traducción a un lado y ahora se enfrenta a las ingratitudes de la locución radial.
En muchos aspectos, es como yo. No soporta vivir donde está, pero tampoco puede vivir en otro sitio. El desarraigo se convierte en masoquismo y crítica social
