12.147 - 28 septiembre de 2001
Hace algunos años, aprovechando una conversación relativamente franca con mi padre, le espeté: «la verdad es que tu vida es de telenovela». Su contestación:
—No, es de novela, pero de las buenas, ¡de Balzac!
Hoy es el cumpleaños de mi madre, y creía que el tema predominante, iba a ser mi padre. Sin embargo, yerro. Estamos curados de espanto con "el demoni", como le llama mi madre en su valenciano cuadrupléjico. Pero empezamos a hablar de los atentados, del futuro, y es curioso cómo lo enfocamos cada uno.
Mi madre, que llama a los talibanes "El Talismán" y a Osama Ben Ladin "El Alacrán", está tranquila. Pide que le cuente todos los horrores que he leído y visto, pero no se inmuta. Desde su religiosidad, que lleva como camisa nueva una vez más, tiene una serenidad relativa.
Eric, joven todavía, no sabe si le importa mucho o no. La trascendencia de la noticia fuera de la cancha de baloncesto es dudosa. Pero claro, le encantan los detalles más asquerosos.
Marta se lo plantea como una dolencia más de esta vida, que en el fondo es un valle de lágrimas y por eso hay que salir adelante y divertirse, pues quién sabe lo que nos va a pasar mañana.
Yo me lo tomo demasiado en serio y soy relativamente pesimista. Para variar. Hace meses que vengo vaticinando una crisis económica muy fuerte, y esto va a lograr que se cumpla.
