Llego a la redacción y me avisa Mauricio de que en America Online Latin America acaban de despedir a 50 empleados, incluyéndole a él. Horror. Me entra la depresión, y no sólo por Mauricio, que tiene a su mujer en casa, guardando reposo total con su embarazo, a su madre en estado delicado y a su padre sin trabajo.
Ahora, ya cualquier cosa es factible. No sé si en los otros ramos y sectores industriales ha pasado lo mismo, pero el mundo periodístico de Miami ha sufrido mucho en el último año.
Primero fue la bicoca de las compañías de Internet, donde se contrataba a cualquiera (yo incluido) con salarios fabulosos. Gente muy mediocre llegó muy lejos durante 1999 gracias al espectacular resurgir de los ".coms". Muchos nos creímos que era la justa venganza sobre El Nuevo Herald, un periódico que maltrató y abusó a numerosas personas con talento por el mero hecho de que podía.
Pero entonces llegó el verano de 2000, y las esperanzas se fueron desvaneciendo en la neblina de la bahía de Biscayne. La mala administración, el boato y las cuentas que no casaban empezaron a diezmar a las compañías.
Y ahora, hasta El Nuevo Herald despide, y sigue con su mecanismo de elevar a medianías y castigar a los que valen. Los medios en Miami nunca serán igual. Mi único consuelo es que fui, como en el antiguo juego de la oca, de trabajo en trabajo a ver dónde iba mejor.
Por alguna justicia histórica y poética, tengo ciertos deseos de que las cosas empeoren. Cuando estábamos en una verdadera danza de millones, nadie hizo caso de las advertencias de que esto no podía durar.
Parece la segunda vuelta de 1929, la revancha de los partidarios de Jean Baptiste Say y de John Maynard Keynes. Veremos quién tiene razón.
