Días de angustia e incertidumbre. Ha sido una semana funesta, viendo las terribles imágenes por televisión. Repetición una y otra vez de lo espantoso, abuso de la frase «terrible tragedia».
El martes, 11 de septiembre, con casi 12 horas vividas en puro sobresalto, Tom Brokaw entrevista a un sobreviviente que estaba en el piso 50 de la primera torre.
El señor recuenta que al bajar por las escaleras, se encontró a varias personas en sillas de ruedas, suplicando ayuda. No lo puedo evitar y me echo a llorar, en plena redacción.
Otros relatos me ponen la carne de gallina, entre ellos el aviso que dieron en la torre sur antes del segundo impacto:«la torre 2 está protegida, pueden volver a sus puestos». Yo, probablemente, y en vista de la hecatombe vivida en las plantas bajas, me hubiera quedado.
Pero la ignorancia de los medios es apabullante. Como una apisonadora en piloto automático, nadie dice que Ben Ladin fue entrenado por la CIA. Nadie menciona el alarmante informe entregado por Hart y Rudman a Bush en enero, vaticinando un posible ataque terrorista.
Lo bueno y lo malo es que el pueblo norteamericano no tiene paciencia. Ahora se barajan muchas barbaridades, pero todo será agua pasada dentro de menos de lo que sospechamos. Es malo porque se creen que acaban de inventar el terrorismo y que lo pueden rechazar. Si los israelíes, con su eficaz paranoia lo viven diariamente, dudo que se pueda frenar. Ahí está el caso de España, con sus nacionalismos naufragados en el mar de la intransigencia y la falta de entendimiento.
Otro factor importante es el victimismo estadounidense, tan vital en este país como su ingenuo individualismo. Detrás de los múltiples abogados millonarios hay una legión de quejicas impenitentes, que protestan por todo.
Esta mañana, mientras voy al supermercado Publix, sin ton ni son una vendedora me dice que apenas ha reunido fuerzas para ir a trabajar hoy. Pareciera que estaba en la planta 75.
Estados Unidos es un país grande en todos los aspectos, pero su talón de aquiles es la ignorancia e ingenuidad. Eso está muy bien cuando quieres colonizar el inhóspito Far West o erradicar el fascismo o el comunismo. Pero aquí faltan muchos datos, percibo cierto tufillo a felino encerrado. Y si hay otros que lo huelen, el olor a venganza es superior.
Mientras, la comunidad internacional quiere aplacar la furia sui generis que ha poseído a Estados Unidos, con la esperanza de controlarla, o por lo menos diluirla.
Como le dije a Eliseo el viernes, me recordó a la frase de Kennedy:
«...Remember that, in the past, those who foolishly sought power by riding the back of the tiger, ended up inside».
