Todo iba viento en popa hasta que empezamos a hacer cálculos. La boda, recepción y viaje nos va a salir por la friolera de 11.000 dólares. Me parece imposible cuando me lo menciona Josh, pero me manda tablas detalladas, y es cierto. Claro, ahora nos toca pagar todo a medias, y si yo no quería flores, pues me jodo porque él sí.
Verdaderamente no teníamos tanto dinero destinado para esto. Me dan ganas de cancelarlo todo, irnos a Vermont y celebrar todo allí.
Claro, no lo voy a hacer. No me enfado con Josh mucho, porque aunque tiene ciertas tendencias de decidir las cosas por su cuenta y luego cuando salen caras meterme en el ajo, creo que todo esto se nos ha ido de las manos a ambos.
Además, es la fecha más importante de nuestra pareja, no podemos desvirtuarla así por así.
Le comento a Xavi que va a ser un día muy feliz porque va a estar toda mi familia. Me corrijo, porque no va a estar mi padre. Verdaderamente en estos días anteriores a la ceremonia, me invade la duda. Si pudiera contar con su presencia para que luego volviéramos al status quo, quizá le pediría que viniera. Pero eso, aparte de ser sumamente egoísta, es totalmente irreal. Además, sería muy difícil para la familia en general. Para mí no por muchas razones, la principal es que voy a estar tan aletargado, que me daría exactamente igual.
En el trabajo bien, aunque me veo descuidando mucho la labor de editor por una responsabilidad de asuntos heterogéneos Pero el miércoles me veo obligado a reescribir una nota, que mencionaba varios lugares de buceo. Me gusta reescribir, hago uso de mis dotes editoriales, y me sale bastante bien. Pero en el artículo hay un lugar en California que no está bien explicado. Empiezo a buscar información y resulta que está en Australia. Menos mal que me fijé.
Hay quienes tienen tan poca idea del idioma, que piensan que la siguiente oración: "También se encuentra los restos de un barco que se hundió en el 1744, por el cual lleva el nombre", tiene sentido.
Anoche, o sea, esta noche, voy a casa de Isis, a su fiesta. Sólo iba a estar una hora o dos, pero me emborracho y llego a casa a eso de las 3:30 a.m. con un pedo que no puedo. ¿Será mi despedida de soltero?
Más bien es mi despedida, temporal, de espiritista. Con el perdón de doña Rosario Mateos, tengo videncia. La gente me lo dice, y yo lo veo. Me alucina, ni yo mismo me lo creo, pero no por ello deja de ser cierto. He acertado cosas a desconocidos que jamás pensaba acertar. Me cago en mis muertos, qué videncia. Alucino.
