Cumplí 12.000 días y ni me di cuenta. Hoy ha sido un día que ha empezado con mal fario y terminado bien. Ayer estaba sumamente deprimido con mi trabajo y sus muchas exigencias, pero hoy ha sido un día relativamente suave, y Omar me reafirma que no estoy tan mal.
En casa tenemos un gigantesco árbol de mangos, que es una especie de burla a lo poco tropicales que somos Josh y yo, pues no nos gustan ni en pintura. Total, recogí varios mangos para llevarlos al trabajo ayer, uno me salpicó con su copiosa sabia en la cara. Hoy amanezco con una horrorosa alergia. En cierto modo me alegro por la novedad, pues es la única alergia que se ha manifestado en mi cuerpo. Pero parece que tengo sarcoma en mi cara.
Quique Sallent, ex compañero de aventuras por tierras dominicanas, me envía un mensaje. Ha visto el web, y está escribiendo de memoria las memorias del viaje de 1991. Hace tiempo que no sabía de Mr. Sallent, a quien conocí en 1990 como uno de los visitantes al bar de Felipe en Miami Beach, cuando yo era su habitué (del bar y de Felipe).
Se apuntó al segundo gran viaje por Santo Domingo, y desde ese momento fuimos amigos hasta aquél fatídico día de enero de 1995, cuando pasó por Miami.
Tras recordar los viejos tiempos e irnos de copas, acabamos a las 3 y media de la noche en el Denny's de Coral Gables. En ese momento, mientras hablábamos de viajes a Tijuana, decidí soltar mi secretito de que era gay. Fue a la primera persona fuera del círculo familiar a quien me atreví a soltarle prenda. Quique pareció encajarlo relativamente bien, diciendo que ya lo sabía, y quedamos para un par de días más tarde para ir al festival de arte.
Nunca fuimos, Quique no me volvió a llamar, tan sólo mis insistentes llamadas a la casa donde se estaba quedando lograron que se despidiera de mí.
Como se dice en buen caribeño, tardé en caerme de la mata, pero cuando lo hice, me quemó las entrañas. Una amistad había sido quemada sencillamente por la antihomosexualidad. Si dijéramos que me insinué, quizá se entendería. Pero nada de eso.
Le volví a llamar a su casa en Nueva York, intentando resucitar una amistad que a efectos de Quique estaba muerta y enterrada. Hasta una vez le llamé y me colgó el teléfono (en mi ingenuidad no me di cuenta y volví a llamarle como si se hubiera cortado la llamada).
Cuando me percaté de mi papel de idiota, en cierto sentido tolerando la actitud mal llamada homófoba, le mandé un pedacito de hate mail, exigiendo devolución de los negativos del viaje, que los tenía.
Poco a poco se me pasó, y me frustró que reconocer mi sexualidad significara perder estos amigos que parecían de tan alto calibre. Algo parecido, pero no tan dramático sucedió con Jaime Falzarano.
Fui asiduo visitante de Sallent Network, vi las fotos de San Cristóbal y de Nueva York. Me pregunté por qué no había puesto las del viaje, y así se quedaron las cosas.
Hoy en día, Quique, no sé qué decirte. Echo de menos al Quique de Pedernales, Lago Enriquillo y de Pedro Santana. No se parece en nada al Quique que rehuye antes de enfrentar ciertas realidades. Celebro que te haya ido bien, amigo, pues siempre lo serás para mí, porque soy muy nostálgico y pendejo.
Ahh, se me olvidaba. En Restauración, mientras fuiste a por las medicinas con la receta de papel de estraza, Rubén y Jaime estaban tan furiosos contigo que me insinuaron que deberíamos dejarte en Restauración, con el Tte. Juan Bautista Cabrera. Claro, ni ellos ni yo lo hubiéramos hecho. Pero aunque ellos estaban bastante cabreados contigo, yo no.
Primero, porque aquel conductor que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. A cualquiera se le muere un tío.
Segundo, porque te entendí. El abrazo que nos dimos cerca del puente, al lado del lugar del accidente, significa algo para mí. Y no empecemos con pendejadas sexuales ni a leer cosas donde no las hay, entendí tu frustración y sentido de culpa. Fue un abrazo muy emotivo para mí, y repito como dije hace ya 10 años, significó una celebración de vida.
Siempre estás invitado de vuelta, a casa de Iñaki, esa misma persona que al igual que hace una década ya (madre mía, como pasa el tiempo), sigue siendo la misma de siempre, el mismo torpe, aventurero premeditado y, las cosas por su nombre, maricón. I hope you send me an e-mail. Vi cosas en ti especiales, no me decepciones.
Por cierto, acabo de subir las memorias del Viaje a la Frontera, para que te oriente mejor.
