Vaya par de días. El viernes, cuando volvíamos de cenar de un excelente restaurante japonés, Josh por fin suelta prenda sobre mi madre. El hecho de que haya expresado dudas para asistir a nuestra ceremonia me tiene mal, y a Josh también.
«Por lo menos mi padre es muy directo en su homofobia».
La tesis de Josh es que mi madre me ha dicho eso para hacerme daño. Lo dudo, no conoce a mi madre como yo, llena de inseguridades e incertidumbres. «Si dudas eso, no lo digas hasta que tomes una decisión. Si no, angustias mucho a las personas».
Lo que dice es válido, pero en fin, por ahí no van los tiros. Probablemente mi madre irá y todo saldrá bien, pero con Josh, cruz y raya. Ay...
Nos pasamos el sábado intentando pintar la casa. Josh me dice que vaya a la tienda local de bricolaje, The Home Depot, y compre por lo menos cinco de pintura. Como buen borrego voy, y compro cinco botes de cinco galones cada uno. Casi 100 litros de pintura. Los meto todos en el carrito de compra con la pintura del remate, un verde oscuro que me gusta mucho. A mitad camino por el estacionamiento, se vuelca el carrito. Milagrosamente, sólo se vierte un bote de pintura verde, hunter green, pero cae por todas partes. El aparcamiento de Home Depot se cubre con un charco verde, lo demás que he comprado se cubre de verde, yo me cubro de verde.
Frustrado, meto todo deprisa en el coche, sin importarme lo que voy a manchar, y pronto mi coche tiene manchas de verde por todas partes, como si un duende hubiera estallado dentro.
Cuando llego a casa, Josh me dice que hacían falta cinco galones, no 25. ¡Mierda! ¡Me cago en García Lorca!
Josh se ha ido hoy a Nueva Orleáns, que está en pleno Mardi Gras, por razones de trabajo. Se ve que al gobierno no le importa que las fechas coincidan con el carnaval más famoso de Estados Unidos. No vuelve hasta el 9 de marzo, por lo cual no estaremos juntos en nuestro aniversario, que cae el 4.
De regalo, tengo que terminar de pintar la casa, qué maravilla. Javier me echa una mano y casi terminamos, salvo los frisos.
De noche, el episodio de Los Simpson es genial. Bart es reclutado por una banda musical juvenil, que gracias a un proyecto de la NASA pueden tener buenas voces (los chicos todos cantan fatal). Una burla de N'Sync y de todas las boybands, y de paso, de Cher.
