Hace mucho que no escribo, en parte se debe a que he empezado el nuevo trabajo y todo va muy bien. Mi oficina por ahora mira al Downtown, al río y, si te asomas un poco, a la bahía. Ni yo mismo me lo creo.
La revista va en serio, ya nos lo han avisado. Nuestro primer número tendrá una tirada de 1.000.000 de ejemplares. WOW! Estoy muy contento.
El sábado pasado vino Josh, y se quedó unos días. Hay veces en las que sient que se nos esfuma todo, que ya me da igual. De tanto escudarme para no sentir el dolor me parece que no me estoy volviendo invulnerable.
Le comento esto y no sabe qué decirme. Casi empezamos los dos a llorar, es una situación muy desagradable. Me comenta que su abuela esperó a su marido durante cuatro años en la Segunda Guerra Mundial. Pero, además de no tener la paciencia de su abuela, las circunstancias son muy diferentes.
«Es un milagro que esté vivo con tanto estrés y eres la única piedra en el río;o de mi vida, si te vas, me llevará la corriente». No son amenazas, más bien realidades las que me cuenta Josh. Y por último, «estoy haciendo todo lo posible, no te puedo decir nada más».
En lo que a sentimientos se refiere somos muy diferentes. El, como buen capricornio, busca soluciones prácticas a las necesidades sentimentales y elimina los pensamientos espúreos. Yo, pienso en l o peor y lo internalizo. Pero al expresarlo me siento mucho mejor.
Nos quedamos casi 20 minutos mirándonos, sin saber qué más decir. No tengo buena espina sobre esto, la verdad.
