Estos diarios son para contar cosas de tu vida, pero por poco no lo cuento anoche.
El viernes aterricé en Dallas, y Josh me recogió en el aeropuerto. Nos lo pasamos muy bien, aunque Josh está muy pillado de dinero y no sabe qué va a hacer. Está buscando trabajo como funcionario en Miami. Ojalá que encuentre algo pronto.
Cenamos durante nuestro quinto aniversario en el restaurante Antares en la torre del Hotel Hyatt de Dallas.
La vista del downtown de Dallas de noche, a casi 200 metros de altura era espectacular. He gastado dinero que no tenía, pero mereció la pena.
Desde el domingo llevo con varios dolores de cabeza, y ayer por la mañana decidí tomarme la presión en la máquina del supermercado al lado del trabajo: 143/92. Inmediatamente me empecé a preocupar y llamé a mi médico de cabecera, pero no me podía atender.
Ya de noche decidí ir a urgencias del Hospital de Aventura, y cuando llegué tenia la tensión en 168/99, la enfermera no se lo creía.
Me hicieron esperar muchísimo tiempo, y una barbaridad de análisis, desde el electrocardiograma hasta la tomografía (radiografía CAT). Muy solitario el asunto, es espantoso esperar tanto tiempo. Pasadas las tres y media de la madrugada me dieron el alta, pero con el aviso de que viera a mi médico.
Hoy, por supuesto, mi médico no me puede ver. Ni tampoco un especialista. A lo mejor mañana por la mañana.
Todo esto es en parte debido al estrés, a «coger lucha», como dicen los cubanos, con cualquier idiotez. Claro, el hecho de que esté gordísimo incide. Mi hermana Marta, que tiene un interés romántico en el campo de la medicina, dice que es por eso. Está tan segura que las tres veces que he hablado con ella me lo ha recordado. Mucha preocupación tiene por el tema, aunque no la suficiente como para acompañarme al hospital.
Me he dado cuenta de que quiero hacer muchas cosas, ir a varios lugares, pero a las montañas sobre todo. Este verano me voy a Colorado sin duda alguna.
