Buff, cuántas cosas han pasado. Primero vino Frank de Santo Domingo, e insistí que se quedara aquí, y lo hizo. Llegó el miércoles pasado al mediodía. El jueves de noche llegó Josh. Se cayeron relativamente bien, tenía un poco de miedo, pero ambos son buenas personas.
Josh no puede continuar así; yo, la verdad, tampoco. Ha decidido volver a Miami, pero antes le he pedido un mes para ver si consigo otro trabajo en estas ciudades: San Francisco, Seattle, Denver, Boston o Atlanta. Me quiero ir de Miami, es la verdad. La indiferencia de sus ciudadanos y la hostilidad de su carácter ya me tiene harto. Tiene, en parte, la mentalidad de ciertos sectores latinoamericanos: «No me voy a quedar aquí para siempre».
Josh está cansado en muchos aspectos, físico, moral, espiritual, amoroso. Dallas ha sido un minidesastre en varios sentidos, pero no culpa suya. Yo, también estoy cansado. He dormido fatal esta última semana, me estoy acostando cada día más temprano. En cuanto a la crisis espiritual, también concedo que la tengo. Pero mi espiritualidad y la suya van por diferentes derroteros.
Frank lo pasó, creo, muy bien. Salió con Eduardo y conoció su egocentrismo verbal, que luego no se traduce en egocentrismo verdadero. Es decir, a Eduardo le preocupan mucho los demás y es muy maternal, pero a veces tener una conversación con él es todo un desafío. Por lo demás, estuvo algo aburrido aquí en casa, jugando al Monopoly el viernes y cosas así. Se dio cuenta de que somos gente poco animada.
Pero es un buen chaval. Tiene dudas, inquietudes y, como buen escorpión, mentalidad categórica. Y un sano sentido del humor.
Anoche, cena con mamá, Marta y Eric. Cada cual va a su aire, y mamá en el de todos. Se mudan el lunes. Mami hace las cuentas de una manera muy ambiciosa. Como Rockefeller hubiera sido temible, pues ve ganacias en todo. Marta ha conocido un chico que le ha caído bien, pero tiene que hacer una pasantía de dos años en Omaha, Nebraska, nada menos. Quizás vaya, quizás. Por ahora es muy difícil determinar si pasa de ser mujer fatal a mujer romántica.
Eric, por su cuenta. Vive y respira baloncesto y no sabe lo que va a pasar. Le intento motivar, dar seguimiento, pero es muy difícil, no tengo madera paternal, ni siquiera de tío. Quiere estudiar también ingeniería, a ver si puede lograrlo.
Mamá ya está mayor. Le estoy dando mucho la paliza últimamente, pero no debiera. Cada cual nos hemos equivocado en esta vida, y mucho. Echarlo en cara en el albor de los 70 años es muy duro. Sobre todo con su personalidad.
Ayer tenía hora con el médico, y no llegué a tiempo debido a lo espantoso que estaba el tráfico. El viernes pasado fui al neurólogo y me diagnosticó síndrome carpial. A llevar una muñequera incómoda por el resto de mi vida. Pero lo peor fue la prueba de la velocidad conductival de los nervios. No voy a plasmarla en estas páginas, pero que conste que fue horrible.
El miércoles pasado me escribió Alex. Menuda alegría, no sabía que decirle al principio, pues mi vida ha cambiado bastante desde aquellas constantes e intensas epístolas. Pero tenemos eso en común, y por ello saldremos a flote. Estaba por prometer que iría a Barcelona, pero en realidad no tengo la menor idea de cuándo podré, aunque ganas no me faltan. Quizás para la boda de mi hermana Margarita pueda aprovechar un salto a Barna. Sabe Dios.
Eso representaría llevar a Josh, si quiere y puede. Para ese entonces, en 14 meses, pueden pasar muchas cosas. Aunque siempre me obsesiono con el tema de Josh y España. Hay tantas variantes posibles. Quiero que le guste, que le caiga bien el país y la gente, la familia. Cuando me imagino a mi primo Roberto con él, me echo a temblar, pero no mucho. Total, ¿qué barbaridad le va a decir? Francamente dudo que Roberto esté muy interesado en ese tipo de morbo (me cuesta escribirlo).
De todas formas tiene que ser un viaje con mucha carga monumental-histórica-mística.
