Vamos a ver cómo funciona esto.
Ha sido una semana espectacular. Primero la tensión con la oferta de trabajo que me hicieron en otra compañía de Internet. Estaba loco por aceptarla, y ya había preparado mi disco duro en consejero.com para que me despidieran en el acto.
El primer indicio de que a lo mejor las cosas no me iban a ir bien fue la carta astral horaria, un verdadero asco. Me decía que me iba a ir muy mal. Después, Amy me empezó a minar mis miras, y me hundí. Cuando Will me llamó a hablar, ya casi había decidido quedarme.
Le pedí hablar con Roberto primero, mi jefe inmediato, para ver si nos podíamos comunicar mejor. Pasó lo que tenía que pasar, nos reconciliamos. Aunque claro, soy tan conciliatorio y exculpatorio que parece que el problema de falta de comunicación era exclusivamente mío. Roberto me abraza; no sé dónde meterme.
Después, Will me hace una contraoferta muy generosa; decido quedarme. Menuda tensión, pero la pela es la pela, como dicen los catalanes refiriéndose a la peseta. á
Creo que me quejo por gusto. Cuando voy al Festival de Cine (a ver Flores de otro mundo) me encuentro con Olga Connor, mi jefa y madrina durante mis cinco años en el periódico El Nuevo Herald. Por su propia admisión, es una persona a veces difícil. Me doy cuenta de que en comparación, mis jefes actuales son unos santos.
Amy, pese a que me arengó a quedarme, me empieza a insinuar (bueno, a insinuar no, me lo dice muy en la cara) que me he vendido. Las mujeres son así.
Josh está contento, claro. Pero también significa que mi partida a Dallas es cada día más remota. Esto me entristece y preocupa. No quiero ser materialista, pero si me quedo en Miami es por cuestiones profesionales. Horror.
Ayer lunes vi varios diarios, y por fin me animo a escribir este, vamos a ver cuánto tardo en abandonarlo.
Anoche, Josh me confiesa que quiere volver a Miami, está muy solo y no sale adelante económicamente, y eso que gana $52.000 anuales como funcionario. Me alegra y alivia, pero no quiero que vuelva así por así a una ciudad que odia con un trabajo que no le satisfaga. Para eso, no.
Mis perros son muy buenos, pero me cansan. De por sí no soy muy amigo de tener perros, Josh fue el que me inició en el vicio.
Voy a ir a Dallas el viernes, es nuestro quinto aniversario. El billete aéreo me ha salido por un ojo de la cara (bueno, lo que era antes un ojo de la cara; ahora es una pestaña), pero tenemos que mantener las fechas importantes. Parece mentira que fue hace un lustro ya que nos conocimos.
El deseo carnal sigue en pie. Me resulta difícil creer que he mantenido fidelidad durante estos siete difíciles meses, pero así es. No sé si jactarme o avergonzarme. Pedro no se lo cree, le resulta poco comprensible. Todo esto, pese a las ramificaciones, nos ha venido bien como pareja.
Mi primo Roberto no me ha contestado a mi oferta de que escriba una columna jurídica, se lo he comentado al Roberto jefe y me ha dicho que los abogados y no sé qué otras profesiones son muy informales. He sonreído por dentro.
Eric, mi sobrino, está sacando mejores notas. Pero Marta exige perfección inmediata en lugar de apreciar la mejora. Grave error. Su inflexibilidad le puede salir cara. No se pone en el lugar de Eric, no se acuerda o no se quiere acordar de cómo era ella a esa edad, que total, no hace tanto tiempo.
Nicolai se ha ido a casa de mi padre en Santo Domingo. Quería irse por las playas tropicales, pero me da la corazonada de que no va a querer hacer lo que él quiere. Veremos.
