Recuerdos del viaje de 1991
RECUERDOS DEL VIAJE, 16 AÑOS DESPUÉS
Muchos expertos sicológicos han escrito largo y tendido sobre las manipulaciones constantes que el subconsciente hace a las memorias. Dos cosas importantes (a lo que este viaje y relato se refieren, claro) me impulsan a escribir estas líneas hoy, a once años (luz) de lo vivido.
El primer acontecimiento fue trasladar el relato a Internet, remozando el diseño y corrigiendo textos, gramatical y ortográficamente hablando. Ocho años de experiencia periodísitica me ayudaron, sin duda, a apretar y a atar los cordones. El segundo fue a raíz del primero, pues Quique, compañero del viaje,me mandó un correo electrónico y me enseñó dónde estaba su relato en su web.
Hasta ahí, bien. Luego, claro, me leí el relato, que sufre del hecho de escribirse muchos años después; cosas que ocurrieron en Pedernales según Quique pasan en La Descubierta. Pecata minuta. Lo que verdaderamente me llamó la atención fue la enorme acritud dedicada al relato, para una web que no tiene ningún otro recuento de viaje personal. Una especie de desembuche donde no queda títere sin cabeza (salvo el propio Quique, claro, y posiblemente Rubén).
Algún resorte interno hizo que Quique, cinco, seis o siete años después de lo acontecido, se dedicara a escribir su versión. No fui yo, pues ya me había cansado de que me evitara como la peste hacía años (más sobre eso aquí). No fueron tampoco, al parecer, ni Rubén ni Jaime, quienes nunca se llevaron muy bien con él. Lo curioso para mí es que dedicó horas de informática a despotricar sobre un viaje que él mismo no califica de bueno.
Debo ser muy gilipollas, y en aquella época vivía muy confundido por la vida y dicho en buen caribeño, «no me caía de la mata». Pero me niego a creer, y tan siquiera a plantearme, que el viaje estuviera cargado de tanta tensión interpersonal como Quique refleja.Tensión personal, bueno, ese ya parece ser otro tema. Quique podría haber sido sincero y expresado sus críticas, pero no lo hizo...hasta ocho o nueve años después.
No sé, cuando Quique se inventa nuestro reclutamiento en el Drakes fue otra la realidad; nos pilló a los tres, comentó sobre lo buenas que estaban las fotos del viaje anterior, y dijo que quería venir con nosotros; o critica el aprovechamiento de Jaime (cuando el propio Quique se acogió al mismo régimen económico ya entrados en el viaje), me huele a caza de brujas. A una vindicación, además con el tono heróico de un Gilgamesh, o irónicamente, del ingenioso hidalgo.
Sólo he visto a Rubén una vez desde este viaje, y a Jaime ninguna. Quique vivió a unas cuantas manzanas de mi puerta, en la misma ciudad de North Miami Beach, y tras la fatídica noche de 1995, no nos hemos vuelto a ver tampoco. (En 2007, me mudé cerca de su resdencia actual, aunque no espero que se ponga en contacto conmigo)
El único aconteciemiento importante que no conté, en el Parque de Restauración, cuando Rubén y Jaime aprovecharon la ausencia de Quique para hablar en su contra, lo incluí en el relato hace unos años. Obviamente, las razones de diplomacia y el aquén de armonía ya no cuentan.
Pero tampoco quiero vilificar a Quique. Siento mucho que se haya llevado esa impresión de mí y del viaje en general, pero lo que pueda pensar de él al respecto, 11 años después del viaje, es precisamente eso. No tiene nada que ver con el viaje.
Me gustaría decir algo nuevo e interesante sobre el viaje en sí, pero no puedo. Ya transplanté mis memorias a los pocos días de ocurrir todo, al papel. Sólo sé que no quiero convertirlo en una versión barata de Rashamon. No se lo merece. Fue un viaje excepcional, y a sus integrantes hoy, como hace once años, los considero mis hermanos de carretera. Eso lo tendremos siempre en común. En mi caso, para bien.
-North Miami Beach, a 11 de junio de 2002 y Nueva York, a agosto de 2007
RECUERDOS SOBRE AQUEL GRAN VIAJE A LA FRONTERA-1992
¿Qué viaje? Ah, sí, ya me acuerdo. Eramos cuatro locos en busca subconsciente de la muerte, y al final casi la obtuvimos. Hace ya casi ya un año y medio desde que nos armamos de valor cuatro personas con vidas más o menos rutinarias, y nos lanzamos al vacío de la aventura. Nuestro propósito era descubrir, ver, conocer, vivir, ponerle un poco de gusto a nuestras vidas. Y por cinco días lo logramos. Aunque ya han transcurrido dieciocho meses casi desde nuestra apresurada salida, y en esos 540 días no es que no me haya pasado nada, cada vez que miro el álbum de fotos, solo logro exclamar ¡Wow!
Wow porque era un viaje al cual yo al principio me obstiné en hacer, pese al consejo contrario de todos a los que me preguntaban. Yo la verdad es que soy una persona básicamente conservadora, del tipo que hacen un viaje organizado y donde se me dé todo hecho. Y este era un viaje que aunque no sabía que me iba a encontrar, no me esperaba ningún lujo. Un viaje a un país ignoto para mí, fuera de su capital, que no sabía que ir a ver fuera de lugares tan obvios como Altos de Chavón y de Puerto Plata. Durante un par de meses preparé un recorrido durante los ratos muertos de mi trabajo, y en mayo de 1.990 cogí un avión hacia Santo Domingo. Allí le expuse mi plan de viaje a Rubén, quien se apuntó instantáneamente, y fue entonces cuando empezamos a hacer planes con Laura Vanderlinden.
Esto me salió mal, primero por querer ser demasiado flexible y segundo por no saber decir nada cuando ves que tu plan está siendo transformado por personas que tenían intenciones más decisivas que las mías. Que no se me malinterprete. El objetivo de Laura era que Guillermo se lo pasara bien en Samaná, lo cual era también el mío. Pero eso no aceptaba transformaciones de ningún tipo. Tras ver que mi viaje se me estaba escurriendo entre los dedos, puse un pretexto no muy bueno, y di marcha atrás como mejor pude, acompañado por Rubén. Irónicamente, entre los que acabaron viajando con Laura estaba Quique Sallent.
Alquilé una jeepeta, y nuestro primer día de viaje se perfiló así (ahora se puede contar): Rubén, su concuña Claudio y yo junto con tres mujeres por las playas del Este. Por mucho que me gustaban los matices, tuve que resaltar que el viaje no iba ya a ser postergado por nada. Al final no se dio, y al perder el encanto para Claudio, reclutamos a su hermano Jaime. Así se escribe la historia.
El viaje fue fascinante. Aparte de la velocidad, lo hicimos en pleno desarrollo dramático electoral y postelectoral. Salí maravillado y profundamente enamorado del país. Pero la consecuencia principal del viaje fue la amistad y compañerismo que forjamos tres personas. Pese a las florituras del diario, enseguida cogí cierta antipatía a Jaime, que perdí. Rubén casi me mata por coger las curvas entre Oviedo y Pedernales a lo loco. Yo casi mato a Rubén por no sé qué en Punta Rucia, Jaime me tendría que haber matado a mí cuando yo le contesté con bastante insolencia en Elías Piña, Rubén y yo casi dejamos botado a un flaco italiano en Playa Rincón, y si Santo Domingo hubiera sido El Salvador, nos hubieran matado a los tres en La Vega la noche del 17 de mayo. Todo esto parece ahora anecdótico, y lo es, pensando que eramos tres personas que jamás habíamos convivido juntos, y que de repente teníamos que compartir todo.
Mi único anhelo en los trece meses siguientes (incluyendo un desastroso viaje a Constanza) fue el volver. En junio de 1.991 mi situación económica no estaba nada bien, aún así hice malabarismos dignos de un alquimista y logré reunir el presupuesto para ir.
El 1 de junio de 1991 llegué a Santo Domingo con muchos planes en la cabeza. Ibamos a repetir todo el viaje, aunque con más pausa. Naturalmente, Rubén y Jaime estaban encantados. Esa misma noche fuimos al Bar Drake's. Allí vi a Quique Sallent, quien en la época de preparación del viaje con Laura había pasado bastante tiempo con nosotros. Al saber que volvíamos se apuntó enseguida, no hubo pegas y se le aceptó como compañero de camino. Así se perfilaron estos viajes. A continuación hago unos escritos sobre el viaje en general, que no me atrevo a llamarles ensayos.
1 .SOBRE LO SOBRENATURAL Y LAS SUPERSTICIONES
¿Qué nos pasó en Haití? ¿Qué vimos? Hoy, al igual que hace año y medio, puedo intentar ponerlo en palabras, puedo intentar describirlo desde mi óptica particular, pero no puedo afirmar que sepa la respuesta. No sé tampoco hasta que punto he dejado que la sospecha y la creencia afecte mi opinión. Puedo decir auque tengo ardientes deseos de volver, mis ganas de cruzar cualquiera de los mojones piramidales que indican la frontera con Haití son nulas. Sí, es cierto que gran parte de lo que siento se puede atribuir a superchería sin ninguna base de fundación, pero se que no deseo ni por un instante el repetir lo que sentí.
La noche en que fuimos a ver Luis Díaz en el Sheraton, Jaime se encontró con una amiga que se ha dedicado un poco a los caminos erróneos de la vida espiritual, por así ponerlo, y que afirmaba conocer a Lon, el de Anse-à-Pitre. Unos meses más tarde, Jaime jura haber visto a Marie Alice junto con Lon en la Ciudad Colonial. No dudo en ningún momento de la palabra de Jaime, no se hasta que punto se haya dejado influenciar por lo ocurrido en Haití. En cierto modo da igual, pues él está convencido de que sí los vio juntos.
Si esto fuera verdad, lo cual no es totalmente imposible, le dará un matiz bastante curioso a nuestras incursiones en Haití. Digo que no es totalmente imposible por lo siguiente:
Anse-à-Pitre y Grand Gossier son dos pueblos importantes entre una costa desiértica. Lo único que hay al Oeste de Grand Gossier por muchos kilómetros es arena y desierto. Y para ir desde Grand Gossier hasta Puerto Príncipe en vehículo, la única "carretera" es la que va hasta Anse-à-Pitre. Las dos únicas poblaciones de relevancia en esa costa eran precisamente Grand Gossier y Anse-à-Pitre. Entre ellas había un par de aldeas de mala muerte.
Y nada más entrar en ambas, ¿quiénes se ofrecieron como guías? No es por tanto que parezca raro después de este análisis el que nuestra querida María Alicia hubiera sido conocida de Lon. Es más, pensando sobre la dinámica de ambas personas y de ambos lugares, y la distancia entre ambos, que no es superior a los 25 kilómetros, puedo afirmar que me parece lógico que ambos se conozcan. De eso a que se fueran a pasear cuan dos panas por la Zona Colonial, hay un trecho.
Ello no implica, sin embargo, ningún tipo de contubernio o conjura. Cada cual en su pueblo iba a lo que buscaba, usando los recursos que consideraba oportunos. El contestar a la pregunta de qué querían se me antoja imposible. Ahora, me costaría creer bastante que la noche del 6 de junio Lon hizo una llamada a su pana full en Grand Gossier para avisarle que nos tuviera considerados.
2. SI QUIQUE HUBIERA IDO CON MAS CALMA (O RELACIÓN DE COSAS QUE SON EQUIVOCADAS)
Si Quique hubiera ido con más calma, o bien si a la señora no se le hubiera ocurrido salir a pasear con su hija a tan inoportuna hora, se habría conducido con aún más excesiva confianza, y quizá el resultado hubiera sido peor. Pues no hay nada peor que la negligencia producida por el exceso de certidumbre. Fue una especie de recuerdo de Dios, diciéndonos que nosotros estamos aquí porque somos algo que El no es, imperfectos. Nos había ido simplemente demasiado bien, habíamos tentado a la suerte excesivamente. En vez de ser consecuentes con ello, nos confiamos.
Si no hubiera sido Quique, cosa que me parece intranscendental, hubiera sido otro. Da igual. Hace mucho tiempo, un monje escribió un librito titulado «Lista de los milagros que hubiera realizado San Antonio si hubiera desembarcado en Lisboa» (existe, lo juro). Este apartado se parece un poco al librito, pero quiero abrir los ojos. Si por algún golpe de suerte no nos hubiéramos estrellado en otro entorno, en Samaná nos hubiéramos percatado de que nos habíamos quedado sin dinero.
Basándome en la cantidad de fondos disponibles, y en nuestro nivel de gasto, más o menos en esa localidad nos hubiéramos visto obligados a volver a la capital. Es por lo tanto casi preferible que se tuviera que terminar de la manera en la que se acabó, que por lo menos fue gloriosa.
3. EL DIARIO
El diario del viaje está allí. Es inflexible, abarca muchas cosas, y cuenta prácticamente casi todas las anécdotas dignas de contar (a mi se me ocurre por lo menos una que no: el toro que golpeamos entre Oviedo y Pedernales). Comenta sobre casi todo, y la verdad que malo no es. Su única pega es que lo escribí yo nada más. Es totalmente cierto que todos los apuntes que tomé acerca del viaje se quedaron en Santo Domingo, excluyendo por supuesto mi adorada bitácora. Esa bitácora le da un toque personal a mi diario, pues si no hubiera tomado nota de los kilómetros recorridos, me hubiera sentido incómodo. Es por lo cual todo un reflejo de mi minuciosidad.
Reitero lo dicho, si Jaime se hubiera decidido a escribir un diario hubiera sido más ameno que el mío, sin lugar a dudas. Primero, he de confesarlo, porque conociendo el tipo de óptica de análisis que posee, sería un documento por el cual yo personalmente pagaría por tener. Y segundo, porque sería diferente. ¿Y cómo se sintió Rubén cuándo le dijo María Alicia que era de él? ¿Y Jaime al llegar a Playa Aguilas? ¿Y Quique al bañarse en el Río Las Damas? Hombre, pues me lo puedo imaginar, pero jamás describir.
Es curioso que una aventura en la cual nos fusionamos tan bien como grupo, se haya descrito por una persona nada más.
4.JAIME
Independientemente de todo, no se ha dado a Jaime el crédito que merece por ser precisamente eso, Jaime. Aún cuando los cuatro somos personas bastante diferentes, el que mas dista de los demás es Jaime. James is James, y punto. A veces incorregible, generalmente servicial y laudatorio, irremediablemente gracioso, y no gracia de labia, si no una de esa personas de las cuales naturalmente emana lo cómico, lo gracioso. Cariñoso y bondadoso, pendenciero y atrevido, siempre Jaime. Sin Jaime a nuestro lado, sin la compañía de nuestro delicioso payaso, nada hubiera sido igual.
Entre las muchas imágenes que se me han quedado grabadas sobre este viaje, está una en los aledaños de Restauración, donde la inoportuna doña (Y a todas estas, ¿quién era?) se nos topó en el camino. Al hacer un mini-inventario de la jeepeta, Jaime tiró con bastante fuerza el último pote de Barceló Imperial, culpándole con su riguroso gesto por lo ocurrido.
Gran parte de la información adicional que incluyo en el diario fue recopilada por Jaime, quien no se cansaba de preguntar. Aunque a veces fue ligeramente insistente, sus preguntas daban por lo general en el clavo, por muy indiscreto o inoportuno que resultara estar el clavo. Sobre los amigos que hizo en Pedernales, dudo bastante que se hayan olvidado de él (y aunque se hayan olvidado algunos, ¿quién sería capaz de reconocerlo ante tal avalancha de efusividad?)
En resumen, Jaime fue la personalidad del viaje, y en lo que sea posible, su héroe. Mi próximo viaje a la frontera estaría incompleto sin él.
5. ¿OTRO VIAJE?
El que todos deseamos repetir no es ningún secreto. La pregunta es cómo. Ya puestos a elegir, lo quisiera con el mismo recorrido que en 1990, y el mismo ritmo que en 1991. Eso sí, de Haití ni hablar.
6. DISTINTO
En mi primer epílogo mencioné el hecho de que el viaje me había cambiado. Si me ha cambiado en algo, ha sido en que me ha vuelto más adicto. me imagino que mis compañeros de viaje me entienden, pero aún así, y pese a lo difícil que es explicarlo, lo intentaré definir.
Después del viaje en 1.990, me vino una especie de wow psicológico, que vivía sobre todo al recordar el viaje. Ese wow es una especie de combinación de sorpresa, incredulidad y orgullo por haber tenido las agallas (léase cojones) de haber hecho el viaje. Una vez que cruzamos el Río Haina el cinco de junio, esa nota producida por el wow empezó a tomar efecto. Era mejor que una droga, plenamente natural, y sin efectos secundarios. Hasta que en mi caminata hacia el puente cercano a Restauración salí muy a pesar mío de ella, la tuve en plena forma, salvo con el único bajón en la mañana del día 7 en Pedernales.
Lo confieso, en vez de fumar marihuana o consumir droga o estar adicto al alcohol, estoy adicto a este tipo de viajes. Si es que no lo han recibido ya, los integrantes de este viaje van a recibir por correo un plan para otro viaje. El autor es plenamente consciente de que a los tres les va a ser imposible el acudir, pero que aún así, están invitados a participar de esta deliciosa adicción.
Madrid, a 30 de octubre de 1992